
Los días grises ya duran demasiado y nada me recuerda que la primavera haya hecho acto de presencia.
Lo que no tengo muy claro es si finalmente el gris se a convertido en mi color y pone un velo en mis ojos que me impide ver cualquier otra tonalidad.
El caso es que sigo en mis trece y no siento ningún impulso de salir de mi monotonía voluntaria.
Ayer tuve una de esas conversaciones sobre sueños incumplidos, metas trazadas y experiencias por vivir.
Un intento de sacudir mi interior, de hacerme recapacitar y salir de mi ostracismo. No fue un mal intento, pero el objetivo no se ha cumplido.
Parece difícil de entender que alguien tan inconstante, tan insatisfecha de todo, tan "culo de mal asiento" finalmente se haya atrincherado detrás de esta forma de vida carente de emoción.
Lo que parecen no entender es que no es ninguna fuga, ningún juego del escondite con la vida, ninguna herida abierta y sangrante.
Ahora no tengo asignaturas pendientes con el pasado. Las aprobé "summa cum laude" y ese es mi orgullo y mi satisfacción.
Lanzarme desde el trampolín mas alto, subirme en la montaña rusa, experimentar con el riesgo ha dejado de seducirme.
Jugar con la vida o que la vida juegue conmigo no es algo que me interese. Puede que ya haya tenido demasiado de eso y que lo que ahora experimento sea algo completamente diferente.
Ni mejor ni peor, solo distinto.
¿Que es la felicidad? ¿Un sentimiento de bienestar?
Pues entonces manifiesto mi felicidad porque sencillamente me siento bien.
Escuchando: Black - Wondeful life de uno de los discos de Crónicas Marcianas