Here I go out to see again
the sunshine fills my hair
and dreams hang in the air
Gulls in the sky and in my blue eyes
you know it feels unfair
there's magic everywhere
Look at me standing
here on my own again
up straight in the sunshine
No need to run and hide
it's a wonderful, wonderful life
No need to laugh and cry
it's a wonderful, wonderful life
Sun in your eyes
the heat is in your hair
they seem to hate you
because you're there
and I need a friend
Oh, I need a friend
to make me happy
not stand here on my own
Look at me standing
here on my own again
up straight in the sunshine
No need to run and hide
it's a wonderful, wonderful life
No need to laugh and cry
it's a wonderful, wonderful life
I need a friend
oh, I need friend
to make me happy
not so alone.......
Look at me here
here on my own again
up straight in the sunshine
No need to run and hide
it's a wonderful, wonderful life
No need to laugh and cry
it's a wonderful, wonderful life
No need to run and hide
it's a wonderful, wonderful life
No need to run and hide
it's a wonderful, wonderful life
wonderful life, wonderful life
Hay libros que te seducen y te enganchan. Que al acercarte al epílogo del libro sientes una cierta pena porque esa historia que te hace disfrutar se está terminando.
Algo así me ha pasado con "La reina oculta", que me dejó atrapada desde las primeras páginas como hacía mucho tiempo que no me ocurría algo así.
Tengo ganas de llorar y como siempre intento reprimir las lagrimas. No quiero llorar.
El caso es que no me importa si es un signo de mi debilidad. No hay ninguna intención de ocultarme detrás de la aparente indiferencia. Quien me conoce sabe que es demasiado sencillo herirme y cuanto me afectan las cosas y de quien no me conozca tampoco me importa demasiado la opinión que se haga de mi.
Puede que no me guste llorar porque no se como cortar las lagrimas. Porque cuando las dejo brotar libremente no se como contenerlas. Porque esas lagrimas que salen hacia el exterior paradojicamente me ahogan en mi interior.
Es ley de vida, a todos nos llega el momento y la edad no perdona. Me parece injusto que la vejez nos robe toda la dignidad y nos convierta en lastimosas sombras, caricaturas de lo que fuimos en el pasado.
No es mi madre, nunca la he sentido así, pero durante tantos años nuestras vidas han estado tan enlazadas que la quiero.
Nunca su nombre ha ido acompañado del ex que precede a las rupturas. No con ella ni con todos los que fueron mi familia y lo siguen siendo a pesar de que unas firmas hayan disuelto legalmente esos vínculos que el sentimiento los hace tan fuertes como los de la sangre.
Me han dicho como está y creo que la última vez que nos vimos fue una especie de despedida de quien yo aprendí a querer, tal como era.