Hace mucho que pensaba actualizar, pero al parecer, la pereza la tengo en el ADN y es imposible buscarle remedio.
El caso es que durante todo este tiempo han pasado cosas, algunas buenas, otras no tanto, pero si que puedo decir que, a pesar de una especie de temor supersticioso, mi estado de ánimo es bastante optimista.
He gastado ya la mitad de mis vacaciones y las he dedicado a hacer lo que mas me apetecía, descansar.
No hay mal que por bien no venga, y es que ese defecto que me quita las ganas de hacer cosas productivas e improductivas, a la vez resulta ventajoso para el bolsillo, que anda en precario.
Gran parte de esta psudo euforia se debe a que, a pesar de que la salud de los que quiero aun no esta en perfectas condiciones si que ha mejorado lo suficiente como para que me pueda permitir un poco de alegría.
La vuelta al trabajo no ha sido tan mala como se podría suponer después de mis múltiples quejas y durante todos estos días esos madrugones que me pego me permiten ver amaneceres de todos los colores, aunque la mayoría de los atardeceres me los pierda porque me quedo KO.
Evidentemente no es que los problemas desaparezcan, simplemente no dejo que me obsesionen y comienzo a ver un rayo de sol.