“Defiendo con ideas y con uñas la plena realización de la mujer. Creo en la mujer científica, en la filósofa y en la cosmonauta, en la mujer dirigente, en la que quiere lucir bonita y en la que no se preocupa demasiado por su apariencia, en la que es capaz de enamorar al hombre que le gusta (y creo también en el hombre que se deja enamorar sin pensar que la mujer que lo enamora es una cualquiera), creo en la que no le gusta cocinar y se lo dice con todas sus letras al marido, en la que le gusta cocinar, pero hoy no tiene deseos, en la que tiene muchos amigas y amigos, en la licenciada y la doctora, en la que tiene orgasmos y no se avergüenza de tenerlos, en la que ama a otra mujer con todas sus fuerzas y quiere hacer su vida con ella, en la que decide cuándo y con quién quiere tener sus hijos, en la que no cree que un hombre es menos hombre porque llore viendo una película de Fernando Pérez, en la talentosa y en la que tiene menos luces, pero mucha dignidad, en la que no se deja humillar, en la que comparte sin problemas con su compañero las tareas de la casa (y también creo, faltara más, en su compañero), creo en la que besa primero, en la que se deja besar, en la que no se deja besar si no quiere, en la que es dueña de su destino, en la que maneja un taxi, en la que deja que su hijo juegue con las niñas, en la que deja que su hija juegue con los niños, en la que sabe lo que quiere y lo que no quiere, en la que sabe sacar cuentas, en la que le compra flores al novio, en la que recibe flores del novio y le dice gracias y le da un beso, en la que escribe una novela policíaca, en la que no piensa que vino al mundo solo para darle hijos a un hombre, en la que abandona al hombre que la golpeó sin compasión, en la que juega fútbol (aclaro que no me gustan las mujeres boxeadoras por la misma razón que no me gustan los hombres boxeadores; me encantaría, eso sí, ver a un hombre practicando sin complejos gimnasia artística o nado sincronizado); creo, en fin en la mujer orgullosa, en la que sabe de todo lo que es capaz y no se deja aplastar por tontos prejuicios y presiones”.
Fragmento de un artículo publicado por la edición 434 de la revista Alma Mater: